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Iglesia advierte sobre una creciente crisis de violencia y salud mental

El arzobispo metropolitano de la arquidiócesis Santiago, monseñor Héctor Rafael Rodríguez Rodríguez. (Fotos Ricardo Flete)

“La violencia se está volviendo patológica”

Santiago.- El arzobispo metropolitano de la arquidiócesis Santiago, monseñor Héctor Rafael Rodríguez Rodríguez, advirtió este jueves de Corpus Christi que la violencia en la sociedad dominicana está adquiriendo niveles preocupantes vinculados al deterioro de la salud mental, al encabezar la celebración de Corpus Christi ante miles de fieles en el Estadio Cibao.

Durante su homilía, el prelado expresó que el país enfrenta una realidad alarmante marcada por la violencia intrafamiliar, los feminicidios y las agresiones psicológicas. También emocionales que afectan cada vez más a las familias dominicanas.

“No quiero hablar solamente de la violencia que viene a través de un disparo o de un arma, estamos viendo una violencia que se está volviendo casi patológica, que tiene mucho que ver con el deterioro de la salud mental”, afirmó.

Monseñor Rodríguez sostuvo que muchos de los hechos violentos que ocurren actualmente en los hogares y comunidades requieren atención especializada y no únicamente respuestas judiciales.

“No es una violencia que necesariamente se soluciona con prisión, sino con atención a la salud mental”, señaló.

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La violencia intrafamiliar

El arzobispo calificó como una vergüenza nacional la violencia intrafamiliar. También lamentó que su expresión más cruel continúe siendo el feminicidio, fenómeno que, dijo, sigue desangrando a numerosas familias dominicanas.

Asimismo, llamó a fortalecer la cultura del respeto, el cuidado mutuo y la atención integral de las personas. Además exhortó a los creyentes a convertirse en instrumentos de reconciliación y esperanza.

Durante la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, también recordó que la fe debe traducirse en acciones concretas de solidaridad, defensa de la vida y compromiso con los más vulnerables.

“Corpus Christi no termina en el templo, después de alimentarnos del Pan del cielo somos enviados a llevar a Cristo al mundo, a nuestras familias, a los enfermos, a los pobres. También a los heridos emocionales”, concluyó.

Por: José Adriano Rodriguez.

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