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Rusia golpea al sector energético ucraniano y evidencia la carencia de defensas aéreas

. En la imagen, un edificio dañado por el ataque ruso a Kiev de este miércoles. EFE/EPA/Sergey Dolzhenko

Kiev.- Rusia atacó una vez más la pasada madrugada infraestructuras eléctricas y gasísticas de la capital de Ucrania, de Odesa y de otras regiones, en un ataque masivo en el que empleó hasta 11 misiles balísticos y cuatro misiles hipersónicos Kinzhal, lo que refleja la estrategia del Kremlin de dejar a los ucranianos sin energía este invierno y evidencia las carencias de Kiev en materia de defensas aéreas.

Ninguno de los cuatro misiles Kinzhal pudo ser interceptado por las defensas ucranianas, que sólo derribaron, además, seis de los misiles de crucero.

De los más de 400 drones empleados por las fuerzas rusas, 55 no fueron interceptados e impactaron en distintos lugares de Ucrania, que ha visto caer de forma dramática en los últimos meses un porcentaje de interceptaciones que llegó en su día a acercarse al 100 %.

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El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, inició hoy en Escandinavia una gira europea. Su objetivo es conseguir más dinero y equipamiento de sus principales aliados en el continente para reforzar las defensas antiaéreas. Zelenski busca en particular sistemas estadounidenses Patriot capaces de derribar misiles Kinzhal y otras tecnologías de países de la OTAN como NASAMS y SAMP/T.

Cortes de luz en Odesa y Kiev

Tras el bombardeo, las autoridades ucranianas y empresas del sector energético informaron de daños en infraestructuras de gas en la región de Poltava, en el centro del país. También reportaron impactos en instalaciones eléctricas en la región sureña de Odesa, donde miles de personas quedaron temporalmente sin luz.También ha habido interrupciones de suministro en la capital, Kiev, otra de las zonas del país afectadas.

Al menos seis personas han muerto en toda Ucrania en el bombardeo.

El ataque se produce además después de que se hayan suspendido las reuniones para avanzar hacia un final pactado de la guerra que se habían previsto en los próximos días entre los responsables de Exteriores de EE.UU. y Rusia, Marco Rubio y Serguéi Lavrov, así como entre los presidentes Donald Trump y Vladímir Putin.

Alina Rohach, analista del Centro para el Diálogo Trasatlántico de Kiev, ve la actual campaña rusa contra el sistema energético ucraniano como un intento de “quebrar la resistencia civil y la estabilidad interna” del país.

El objetivo de Rusia, explica a EFE la analista, es “dejar sin electricidad, calefacción y agua a millones de ucranianos y presionar así al Gobierno de Kiev para que acepte negociaciones en condiciones favorables para Moscú”.

Negociaciones

Rohach ve la aparente disponibilidad de Rusia a unas negociaciones que parecen volver a descarrilar como “una herramienta diplomática de manipulación” para convencer a la opinión pública internacional de que es Ucrania la que se resiste a poner fin a la guerra.

“Es una táctica de doble lenguaje”, dice la analista, que pide prestar atención a hechos como los bombardeos a infraestructuras civiles como el de hoy y no a las declaraciones del Kremlin sobre su apertura a la diplomacia como medio para que termine la guerra.

Rohach considera, sin embargo, que la estrategia del Kremlin de infligir sufrimiento en la población civil juega en contra de sus intereses a largo plazo. “Revela su incapacidad de conquistar sin destruir. Al destruir lo que pretende poseer, Rusia firma su propio fracaso histórico”, señala.

Fortaleza y cansancio

Igualmente optimista sobre las perspectivas de Ucrania para resistir se muestra Lana Antonévich, a pesar de haber hablado con EFE apenas unas horas después de ver pasar sobre su casa “el mayor número de misiles en tres años y medio de guerra”.

Antonévich se ha desplazado al distrito de Dnipró, en Kiev, para evaluar los daños causados por el ataque ruso en una vivienda que posee en la zona.

Mientras espera en la fila para que un trabajador municipal le entregue una lámina de plástico —con la que cubrirá temporalmente los cristales rotos por la onda expansiva—, expresa su plena confianza en que el país logrará superar todas las dificultades.

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“Esta mañana al llegar esto estaba lleno de cristales y mira cómo está ya de limpio. Los ucranianos nos volcamos en ayudarnos y en trabajar para salir adelante. Haga lo que haga, Rusia no va a poder someternos”, dice rodeada de funcionarios que reparten café y hacen inventario de los daños.

Menos positivo es el discurso de un taxista que ha desayunado viendo a los grupos móviles del Ejército ucraniano disparando a los drones Shahed rusos. “La corrupción no disminuye. El presidente concentra cada vez más poder”, afirma. Luego se queja de la movilización forzosa en marcha y declara que no puede ir al frente por problemas de espalda.

EFE

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