Bogotá, Colombia. – A más de siete años del Acuerdo de Paz firmado en 2016 entre el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la organización sigue siendo un actor relevante en la política y la seguridad regional. Sin embargo, su presencia ha cambiado y se ha fragmentado, lo que genera incertidumbre en el país y en sus vecinos.
Tras el acuerdo, la FARC se transformó en el partido político Comunes, que participa en el Congreso colombiano con curules asignadas por el pacto de paz. Sin embargo, su impacto en la política ha sido limitado, con divisiones internas y una fuerte oposición de sectores que rechazan su presencia en la institucionalidad.
El resurgimiento de grupos disidentes
Mientras algunos excombatientes se acogieron al acuerdo, otros se apartaron del proceso y tomaron las armas nuevamente. Grupos como la Segunda Marquetalia, liderada por exlíderes como Iván Márquez, y el Estado Mayor Central (EMC), bajo el mando de alias «Iván Mordisco», han crecido en poder e influencia en regiones como el Cauca, Arauca y la frontera con Venezuela.
Impacto en la seguridad regional
El avance de los disidentes ha generado un aumento en la violencia, con enfrentamientos con el Ejército colombiano, otros grupos armados y el narcotráfico. Además, la presencia de estos grupos en Venezuela, Ecuador y Brasil preocupa a los gobiernos de la región. Estos ven en ellos una amenaza para la estabilidad fronteriza.
Diálogos de paz en crisis
El gobierno de Gustavo Petro ha intentado negociar con las disidencias a través de su política de «Paz Total», pero los avances han sido frágiles. Mientras algunos frentes han mostrado disposición al diálogo, otros han intensificado sus ataques, poniendo en duda la viabilidad de un nuevo proceso de paz.
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¿Qué sigue para Colombia?
La vigencia de la FARC en sus distintas formas sigue siendo un reto para Colombia y sus vecinos. La combinación de frentes disidentes, narcotráfico y falta de control estatal en varias regiones ha creado un escenario complejo, donde la paz parece cada vez más difícil de alcanzar.
El futuro dependerá de si el Gobierno logra consolidar acuerdos con los grupos armados y garantizar la seguridad de las comunidades afectadas por la violencia. Mientras tanto, la incertidumbre persiste en el país.