Caracas, Venezuela.- Nicolás Maduro, el autoproclamado presidente obrero que llegó al poder como el delfín del presidente Hugo Chávez (1999-2013), es hoy un «tiburón» político con once años de mandato en Venezuela, donde busca convertirse en el gobernante con más tiempo en el cargo desde que se acabaron los caudillos en el país suramericano.
Convencido de que solo él está capacitado para gobernar, el excanciller libra una lucha sin cuartel contra todo aquel que se interponga en su camino. Aunque repite que jamás ha pedido un cargo, no es capaz de vislumbrar un futuro fuera de la Presidencia.
Su regencia, que al principio parecía destinada a la brevedad, ha perdurado en medio de las más variadas tribulaciones. Si bien, vivió momentos en los que tenía al mundo en contra, el exsindicalista de 61 años no ha soltado nunca el bastón de mando, ni piensa hacerlo, aunque los electores podrían arrebatárselo este domingo en las urnas.
Como un as bajo la manga, el mandatario tiene todas las instituciones a su favor.
Mismas Instituciones que en el pasado le quitaron del medio un intento de revocatorio, judicializaron sus enemigos políticos y aplaudieron cada medida que tomaba. Esto incluso sí implicaba más sanciones internacionales a toda la cúpula del Estado.
Conspiraciones y fe
Maduro, quien resultó ileso en ataque con drones en 2018, ha repetido durante su campaña política: «Me han tratado de matar más de cien veces».
Su historial de supervivencia, a juicio de Maduro, tiene un carácter divino relacionado con la misión que debe cumplir como presidente.
Este lado creyente de Maduro se ha fortaleció con el transcurrir de los años, un periodo en el que ha hecho pública su fe cristiana. Asimismo el sector religioso extendió su poder político y económico en un país que el jefe de Estado «entregó» a Jesús.
Pero, «a Dios rogando y con el mazo dando», pues su Gobierno ha sido implacable con decenas de opositores.
Maduro acusa a la oposición de supuestos planes magnicidas y que encarcelo a varios opositores a su régimen. Por ende, la amplia lista de presos políticos, es uno de los sellos distintivos de su Administración.
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Legitimidad cuestionada
Ni el anunciado triunfo de Maduro en 2013 ni su reelección en 2018 fueron reconocidas por la oposición mayoritaria.
En 2019, la oposición apoyó la creación de un ‘Gobierno interino’ respaldado por varios países, con Estados Unidos a la cabeza. Esto representó el mayor desafío a la legitimidad del líder chavista, que no se tambaleó.
Su talante también fue puesto a prueba al regir un país con escasez generalizada, emigración masiva y dos oleadas de protestas antigubernamentales.
Protestas que se saldaron con cerca de 200 muertos y el aislamiento internacional del presidente, por cuyo arresto Estados Unidos ofrece 15 millones de dólares.
Estas circunstancias forjaron el carácter del líder izquierdista, quien pasó de ser un gobernante dubitativo en sus primeros años a un implacable comandante en jefe escoltado por una Fuerza Armada que él insiste en apellidar de «chavista» y que ha optado por responder con «mano dura» a los reiterados intentos de «desestabilización».
El círculo de confianza de Maduro
Conforme aumentaba la crítica internacional y se endurecía la crisis económica, varios miembros de su corte más cercana abandonaron el barco de la revolución.
Maduro considera dicho abandono como el peor de los pecados, pues según él, la duda es traición cuando se trata de contar apoyos.
Así, su hincha más fiel es su esposa, Cilia Flores, una diputada que nunca va a las sesiones del Parlamento. El presidente valora que su esposa le acompañe a todos sus actos presidenciales y demanda que sus ministros hagan lo mismo con sus mítines.
Para asegurar su sostenibilidad, el gobernante ha hecho varias purgas internas que dejaron presos o condenados al ostracismo a quienes «conspiraron» en su contra. Existen de esta forma personalidades a las que llamaba «hermanos de lucha» hasta unos días antes de llevarlos al exilio político.
Ahora, el avezado chavista busca que la confianza popular se desborde a su favor en las urnas, donde medirá el grado de satisfacción de los ciudadanos con su Administración.
El líder chavista se enfrentará a Edmundo González Urrutia, un exemebajador que lidera la intención de voto y que representa el deseo de cambio de un sector del electorado que quiere ver a Maduro fuera del poder.
Con información de EFE