Cilia Flores, conocida como “Cilita”, acumula más de una década como primera dama de Venezuela. Dentro del chavismo, el oficialismo la denomina “primera combatiente”. Además, mantiene una relación de más de 30 años con el presidente Nicolás Maduro, periodo en el que consolidó un capital político propio.
Durante ese tiempo, Flores pasó de ser figura secundaria a convertirse en una de las mujeres más influyentes del país. Su poder, según analistas, se ejerce principalmente fuera del foco público y sin cargos ejecutivos formales.
Recientemente, su nombre volvió a la agenda internacional tras declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump.
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Acusaciones y señalamientos internacionales
La secretaria de Justicia de Estados Unidos, Pam Bondi, informó en X que “Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, han sido acusados formalmente en el Distrito Sur de Nueva York…”. Detalló cargos por narcoterrorismo, tráfico de drogas y posesión de armas.
Bondi añadió que ambos enfrentarán procesos judiciales en tribunales estadounidenses. Hasta el momento, el Gobierno venezolano no ha confirmado oficialmente esas afirmaciones.
Estas declaraciones se suman a un historial de sanciones impuestas por Canadá y Estados Unidos desde 2018, bajo el argumento de violaciones a derechos humanos y corrupción.
Orígenes y ascenso político
Flores nació en 1956 en Tinaquillo, estado Cojedes, y creció en sectores populares de Caracas. Es abogada, especializada en derecho laboral y penal. Conoció a Maduro durante los inicios del chavismo, cuando ambos apoyaban la liberación de Hugo Chávez tras el intento de golpe de 1992.
“En esa travesía por la liberación de Chávez andábamos en actividades en la calle. Yo siempre recuerdo de una asamblea en Catia y cuando un muchacho pide la palabra, habló y me quedé mirando. Dije ‘qué inteligente’”, recordó Flores en noviembre de 2023, en la primera emisión del podcast de Maduro.
Fue diputada desde 2000 y, en 2006, se convirtió en la primera mujer en presidir la Asamblea Nacional. Durante su gestión, enfrentó críticas por restringir el acceso de la prensa y por contratar familiares, hecho que defendió públicamente.
Entre 2009 y 2011 también fue la segunda vicepresidenta del Partido Socialista Unido de Venezuela, entonces liderado por Chávez, quien en 2012 designó a Flores procuradora general de la República.

Flores y Maduro se casaron en julio de 2013, luego de dos décadas de relación y poco tiempo después de la victoria en las elecciones presidenciales frente al entonces candidato opositor Henrique Capriles.
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Caso de sobrinos y sanciones internacionales
Tras el inicio del Gobierno de Nicolás Maduro, Flores redujo sus apariciones públicas. Sin embargo, su nombre volvió a la agenda pública en 2015. En ese año, dos de sus sobrinos fueron detenidos en Haití por agentes encubiertos de la DEA, bajo acusaciones de narcotráfico.
Ante ese hecho, Flores calificó la detención como un secuestro. No obstante, las autoridades estadounidenses los procesaron en Nueva York y los condenaron a 18 años de prisión por conspirar para importar cocaína a EE.UU.
Posteriormente, en 2022, ambos quedaron en libertad tras un intercambio de prisioneros entre Caracas y Washington.