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África y el cambio de rumbo de la Unión Europea sobre el gas

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África y el cambio de rumbo de la Unión Europea sobre el gas

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La posición de la Unión Europea (UE) sobre el gas ha sido esquizofrénica desde hace tiempo, impulsada aparentemente más por sus consideraciones geopolíticas y geoeconómicas que por la preocupación por el clima. Ha pasado de una postura evangelista de que el gas «no tiene futuro viable» a «excepciones pragmáticas» que permiten el gas como combustible de transición. De hecho, desde la guerra de Ucrania la UE incluso ha dado marcha atrás en su línea dura sobre el carbón.

La guerra de Ucrania no sólo ha puesto de manifiesto las deficiencias de los compromisos climáticos de la UE, sino que también ha dejado al descubierto su hipocresía en política exterior. Mientras los líderes africanos pedían sin éxito clemencia en las sanciones que excluyen a los bancos rusos de los sistemas de pago internacionales (Swift), que permiten el pago de las importaciones de cereales y fertilizantes, la UE hizo una notable excepción con las importaciones de gas. En particular, permitió la flexibilidad en las compras de petróleo ruso por parte de los estados miembros, principalmente de la Europa del este, para permitirles reducir el impacto de una suspensión repentina del suministro.

Desde el inicio de la invasión rusa, la UE ha representado el 70% de los 58,000 millones de euros de exportaciones de combustibles fósiles procedentes del país invasor. Dicho crudamente, esto da la impresión de que la seguridad energética europea es más importante que las vidas de los millones de africanos que se enfrentan a la inseguridad alimentaria debido a una guerra en la que no han participado. Además, la inestabilidad del mercado del gas ha tenido un impacto significativo en dos tercios del continente africano, ya que la mayoría de sus países son importadores de gas, lo que afecta directamente tanto a las previsiones económicas como a los bolsillos de los consumidores.

El cambio de rumbo de la política energética europea

Mientras amplían su espacio político para permitir a los países de la UE secuenciar su desvinculación del gas ruso, los líderes europeos han salido de compras en busca de gas africano. Con el aumento de los costes del gas natural licuado (GNL) estadounidense, que ahora domina las importaciones europeas de gas, los países europeos buscan opciones más baratas, sobre todo del norte de África (por gasoducto y GNL) y de África occidental (GNL). Se han anunciado conversaciones para aumentar los suministros desde Argelia, Egipto, Nigeria, Senegal, Angola y la República del Congo. Cabe recordar que, hace apenas unos meses, algunos países europeos anunciaron con entusiasmo que se asegurarían de que sus instituciones financieras se ‘alejaran’ del gas a partir de este mismo año.

La actual carrera por el gas ha hecho a varios observadores enarcar las cejas, especialmente en países con altos niveles de consumo interno de este recurso producido localmente. Algunos temen que los acuerdos de exportación puedan dar lugar a un desvío del gas de consumo local hacia el exterior, sumiendo a las poblaciones locales en la pobreza energética a corto plazo para asegurar el consumo de la UE.

Pero también hay interrogantes a largo plazo. Aunque algunos de los acuerdos anunciados se han presentado como infraestructuras preparadas para el hidrógeno verde, lo que algunos ven como una vía para la descarbonización, persisten muchas incógnitas sobre la longevidad del interés de la UE por el gas y los riesgos que esto puede suponer para las economías africanas. Esta cuestión es objeto de apasionados debates en los países africanos exportadores de gas, ya que la UE ha enviado señales contradictorias en el pasado reciente.

El cambio de rumbo de la política energética de la UE genera incertidumbre para todos los implicados. El recientemente anunciado REPowerEU (el plan de la UE para reducir la dependencia de los combustibles fósiles rusos y acelerar la transición ecológica) ha sido alabado por los optimistas como un compromiso para aumentar las energías renovables. Pero hay dudas sobre los recursos financieros que respaldan las inversiones de este plan, lo que pone en duda su viabilidad y la verdadera intención que hay detrás. Puede decirse que es más claro en cuanto a la estrategia para asegurar otras fuentes de suministro de gas (basándose en los esfuerzos realizados por los distintos estados miembros de la UE y sus respectivas multinacionales) que en cuanto a la forma en que la Unión financiará sus empresas de energía renovable.

Infraestructuras de combustibles fósiles bloqueadas

Hay un poco de déjà vu en el comportamiento actual de Europa. Cabe señalar que ésta se encontró en una situación similar tras la crisis del petróleo de finales de los años 70. Entonces, el compromiso de la declaración de Tokio de 1979 del G-7 con el carbón como alternativa al petróleo condujo a un bloqueo de este último recurso en muchas economías durante años, un factor importante que contribuyó a la actual crisis climática. Todavía está por determinar si el nuevo apetito de Europa por el gas dará lugar a la misma situación, tanto para ella como para los países de los que se abastece.

Además, los países de la UE parecen estar frenando los esfuerzos para garantizar las decisiones sobre la transición energética del continente. Si bien esto precedió a la guerra de Ucrania, como ejemplifica la clasificación del gas como inversión verde en la taxonomía de la UE, la tendencia parece acelerarse. Alemania, la mayor economía de la Unión, acaba de rechazar el plan europeo de prohibir los nuevos coches de combustible fósil a partir de 2035. Es un ejemplo más de la reticencia a la descarbonización al ritmo al que el continente se comprometió inicialmente.

¿Qué significa esto para los países africanos que actualmente negocian exportar gas a la UE?

Lecciones para África

Las medidas de emergencia del tipo todo menos Rusia pueden haber cambiado la dinámica a corto plazo. El contexto actual puede reconfigurar los mercados del gas hacia contratos más a largo plazo y garantizar la fijación de los mismos durante periodos más largos. Estos contratos probablemente desbloquearán el capital necesario para desarrollar la infraestructura que permita aumentar las exportaciones en los países productores.

Sin embargo, para los países productores será importante prestar atención a las condiciones de los contratos de reparto de la producción que acompañarán a estas inversiones: si las multinacionales inversoras tienen en cuenta plazos más cortos de recuperación de costes, los países pueden tardar en obtener beneficios del actual auge de la demanda o, en el peor de los casos, no beneficiarse en absoluto. Esto crearía entonces importantes riesgos fiscales. Este bloqueo puede ser aún más arriesgado para los países africanos, que no dispondrán de los recursos necesarios para una rápida transición a los nuevos modelos energéticos.

Para todos los países africanos, la actual crisis de la UE encierra también importantes lecciones, ya que el viento del cambio puede llegar muy rápidamente y aumentar las vulnerabilidades de sus economías. En efecto, hay que aprovechar la oportunidad actual para promover las inversiones en las propias infraestructuras limpias de África, con el fin de aumentar la futura competitividad del continente.

Por ejemplo, la legislación de la UE que entrará en vigor en los próximos años (como el Mecanismo de Ajuste en Frontera del Carbono) penalizará las importaciones de las industrias dependientes de los combustibles fósiles. Por lo tanto, existe una ventana de oportunidad para que los países africanos construyan sus propias capacidades de energía renovable y aprovechen el potencial de beneficio de sus recursos de tierras raras antes de que sus socios internacionales vuelvan a las andadas. En cualquier caso, está claro que construir un modelo económico basado en lo que diga la UE (uno de los principales socios del continente) es hoy simplemente una estrategia arriesgada.

Fuente: El País

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