Artes

Personajes populares del carnaval dominicano

Cada rincón de República Dominicana vive la magia del carnaval. Desde el primer domingo de febrero, dependiendo del pueblo, los dominicanos salen a las calles llevando diversos disfraces coloridos y de personajes singulares y con diferentes significados, de acuerdo al folklor del país.

Entre estos, resalta el Diablo Cojuelo, herencia española que suele ser conocido por varios nombres según la localidad. Sin embargo, esto no resta importancia al personaje.

El Diablo Cojuelo sale cada domingo de febrero de su “cueva” con un disfraz colorido del cual penden cascabeles, sonajas. Además, espejos pequeños, cintas, un cencerro y una máscara de cuernos largos. También lleva consigo una vejiga de vaca inflamada, seca, curada e introducida una dentro de otras.

Para finalmente ser decorada con una funda de tela a tono con el disfraz. Con ella el famoso personaje reparte golpes en el trasero de carnavaleros que van distraídos.

Diablo Cojuelo
Diablo Cojuelo

En segundo lugar, se encuentra la Roba la Gallina, uno de los personajes más pintorescos y populares del carnaval dominicano.

Roba la Gallina es generalmente un hombre vestido de mujer con rasgos muy exagerados: un vestido extravagante de diversos colores, pechos y nalgas de gran tamaño, un paraguas y una cartera grande que es donde se llevaría a la gallina tras robarla y que va cantando y pidiendo a los jóvenes que le sigan por las calles.

Roba la Gallina
Roba la Gallina

Aunque en el carnaval dominicano hay personajes que son comunes a diversas ciudades y localidades del país, hay otros más exclusivos de diversas zonas como los Lechones, típicos del carnaval de Santiago y una variante del diablo cojuelo que pretende hacer guardar el orden en las calles para lo que hace ondear un látigo en el aire.

La máscara de Los lechones del carnaval de Santiago tiene la cara de un cerdo, con un hocico estilizado y largos cuernos, mientras que el traje lleva incrustaciones de campanillas, espejitos, cuencos con una cola que puede pender libremente o va enrollada al cuerpo.

Influencias africanas

Del mismo modo, los Taimácaros, personaje principal de Puerto Plata, es otra versión del diablo cojuelo, que mezclan tres influencias culturales en sus disfraces. Es decir, una máscara que representa a dioses taínos, blusas y abrigos que representan la herencia española y pañuelos que simbolizan deidades africanas.

Otros personajes de las antiguas culturas dominicanas representadas en el carnaval son Los Platanuses, que nacieron como un legado de los antiguos esclavos africanos en Cotuí. En los carnavales, este personaje se cubre el cuerpo con hojas secas de plátano y utilizan máscaras de higüero pintadas.

Mientras, los llamados “Los Africanos o Tiznaos, ” imitan a los antiguos esclavos. Estas personas se pintan la piel de negro con aceite y carbón y bailan por las calles como parte del carnaval.

Taina
Taina

De manera similar, los antiguos indígenas que vivían en la isla cuentan con su representación artística en el carnaval dominicano, estos son conocidos como los indios. Durante el carnaval visten con plumas, arcos y lanzas, lo cual crea una obra teatral en el transcurso del desfile.

Además, van con el torso al desnudo y de pantalones un atuendo de hierba y matas, así como otros embadurnan su cuerpo con betún negro y deambular con el torso y piernas tiznadas al desnudo.

Estos atuendos en particular y otras variantes tienen una clara raíz africana, siendo bastante similares a algunas de las vestimentas rituales y de celebración usadas por tribus africanas.

Influencias de la colonización en el Carnaval

En tanto, el Califé, es un personaje carnavalesco para burlarse sin ton ni son de los políticos y otros actores sociales de turno. Salen vestidos de frac negro, con su sombrero y seguido por un coro.

No obstante, en San Pedro de Macorís, sobresalen Los Guloyas, vestidos con un llamativo disfraz de cuentas, sombrero alto y plumoso.

Estos, representan a los afro-descendientes de las vecinas islas de habla inglesa del Caribe que migraron a República Dominicana durante el siglo XX para trabajar en industria azucarera.

Su singular música y danza de influencia africana fue proclamada en 2005 Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la UNESCO.

En tanto, en Barahona contamos con Los Pintaos, quienes con sus cuerpos pintados de varios colores, desfilan con sólo un trozo de tela que cubre su desnudez.

Representan a los esclavos cimarrones que se refugiaron en las montañas del suroeste de Bahoruco en el siglo XVI.

Asimismo, sale una mujer aparece en escena, “Se muere Rebeca”, grita. Se trata de una madre que lleva en brazos una muñeca en representación de su hija enferma. Esta va gritando por todo el camino y seguida de un coro que va respondiendo a sus gritos.

Influencias de la ocupación haitiana y de Oriente

El Papelón sale al grito de «A que no me quemas el Papelón!», trata de un hombre disfrazado de mujer provocando con su trasero. Y a su paso otro personaje trata de quemárselos, haciéndolo con extraordinaria gracia que todo el mundo provoca risa.

Las Marimantas, cubiertos de ramas verdes, con cara cubierta con una máscara de cuero de vaca. Mientras, en la cabeza llevan un caparazón como representación a una guarida para comején.

Otro personaje, el doctor, que personifica un sujeto pintado de varios colores y manchada con carbón y con cáscara de naranja y un maletín. Va recorriendo el desfile, buscando a quién curar, sobre todo si se trata de una mujer.

Papelu
Papelu

Y los que no pueden faltar, los travestis, personaje más común y alegre del carnaval y se refiere a hombres vestidos de mujer.

Por último, el carnaval dominicano tiene influencia oriental, con la llegado de los Alí Babá, grupo conocidos por sus bailes coreografiados y tambores.

Cada uno de estos personajes alusivos a los antiguos nativos del país, así como personas que llegaron durante la colonización española y el periodo de la Ocupación Haitiana, cada año desfilan por las calles dominicanas entreteniendo al pueblo con sus extravagantes y coloridos disfraces.

Por Kederlin Nivar Andujar

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