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Origen y trayectoria del carnaval dominicano

Origen y trayectoria del carnaval dominicano
Origen y trayectoria del carnaval dominicano

El carnaval dominicano es una de las fiestas culturales más coloridas y divertidas que ha trascendido la cultura popular con un sentido de libertad e identidad.

Desde el primero de febrero, en las distintas provincias del país se realizan desfiles alusivos a la tradición, donde personas, ya sea en sus localidades o yendo a pueblos cercanos, inundan las calles disfrazados con atuendos coloridos y portando máscaras.

A ritmo de música tradicional, dejando a su paso un camino de alegría y carisma que caracteriza al pueblo dominicano.

La festividad se realiza durante cada domingo de febrero, llegando a extenderse hasta la primera semana de marzo. Finalizando con un gran desfile, que se celebra el último domingo de febrero en la capital de Santo Domingo. Allí, representantes de cada provincia acuden junto a sus comparsas.

La celebración empieza tomando la avenida George Washington en el Malecón hasta el parque Enriquillo. En el lugar, aumenta la algarabía, color y explosión de música y sabor.

En este tradicional evento tan esperado por todos los dominicanos, se puede apreciar parte de la historia y cultura de nuestra querida Quisqueya.

Roba la Gallina
Roba la Gallina

Origen del carnaval

Según la historia, el origen de la celebración del carnaval dominicano data desde ante del 1520. Sin embargo, algunos historiadores afirman que las primeras celebraciones del carnaval en la isla y de América, probablemente ocurrieron en lo que hoy son Las Ruinas de La Vega Vieja, en febrero de 1520.

Narran que los habitantes de La Vega Vieja se disfrazaban de moros y cristianos durante una visita de Don Fray Bartolomé de las Casas. No obstante, existe la posibilidad que estas manifestaciones estuvieran asociadas con algunas festividades religiosas y no se tratara de actividades carnavalescas.

Sin embargo, esto no impediría que luego pasaran a formar parte del carnaval que conocemos hoy. Esta teoría se ha propuesto porque estudiantes universitarios solían hacer presentaciones artísticas, con disfraces y máscaras para los días de Corpus Christi y Santo Tomás en 1780.

Mientras, para el 1795 ya había carnavales para fiestas patronales, en honor a Santiago Apóstol, para Corpus Christi y para carnestolendas, en la ciudad de Santiago de los Caballeros, cuyas manifestaciones provenían desde los días de la colonia española.

Desfile de comparsas
Desfile de comparsas

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Influencias

Cabe destacar que durante la ocupación haitiana (1822-1844) casi desaparecen todas estas tradiciones debido al sincretismo cultural y festividades religiosas. Pero se reanudaron con la independencia nacional el 27 de febrero de 1844, claro, dejando de lado los rituales religiosos y dando paso al verdadero carnaval.

Es decir, pasa a celebrarse durante los tres días previos al Miércoles de Ceniza. Pese a la proximidad del día de la Independencia (27 de febrero) con las carnestolendas hizo que el carnaval se identificara con la fecha patria que con las carnestolendas.

A veces, se celebra incluso en Cuaresma, provocando también la formación de carnavales más pequeños en otras fechas, como el día de la Restauración (16 de agosto).

Asimismo, en Azua, el carnaval más importante se celebra para el 19 de marzo, aniversario de la primera gran batalla independentista.

Además de creencias religiosas, también ha recibido influencias africanas, cuya celebración no está vinculada a fechas patrias ni carnavales «de carnestolendas». Estos carnavales son conocidos como «carnavales cimarrones» y el más conocido de ellos es el de Cabral que se celebra en Semana Santa.

Aunque los elementos más significativos de los carnavales dominicanos, especialmente de los «de carnestolendas» tienen un origen claramente español, hay importantes contribuciones africanas y de otros países.

Sin embargo, en los últimos años, es influenciado por carnaval de Venecia. De manera indirecta a través de carnavales de Río de Janeiro y Trinidad y Tobago. Esto se manifiesta en la pomposidad de sus disfraces y máscaras, con precios exorbitantes que solo puede costear la clase pudiente y/o con patrocinio.

En la actualidad, el carnaval ha transcendido fronteras y es representado en la música, danza, esculturas y pinturas, exaltando las tradiciones que representan a la República Dominicana.

Por Kederlin Nivar Andujar

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