«Sobreviviré», «Volveré» y “No voy a llorar” son algunos de los éxitos con los que el merenguero Rubby Pérez, «La voz más alta del merengue», se dio a conocer tanto a nivel nacional como internacional. El icónico artista, popular por su poderosa voz y su carisma en el escenario, perdió la vida este martes tras el desplome del techo de la discoteca Jet Set, donde los gritos de terror reemplazaron las risas y aplausos que inundaban la fiesta.
La historia de Rubby Pérez, quien falleció en el escenario que tantas veces lo vio contar su vida, encaja a la perfección en una de esas trágicas narrativas que parecen trazadas por el destino mismo. Una historia marcada por el dolor, la fe y la gloria.
Un accidente cambió su vida a los 15 años y lo llevó a descubrir su verdadera pasión por la música
13 de junio de 1972. Ese día, el destino de un joven de 15 años cambió para siempre. Lo que parecía ser un día común se transformó en una tragedia cuando un vehículo lo atropelló, causándole una fractura severa en su pierna derecha. Ese accidente no solo le arrebató su sueño de convertirse en pelotero profesional, sino que también lo llevó por un camino inesperado: el de la música.
Rubby Pérez no tenía planeado dedicarse al arte. Desde pequeño, su mayor sueño era jugar béisbol, como su hermano Neifi Pérez, quien logró alcanzar el éxito como pelotero profesional. Sin embargo, la vida tenía otros planes para él. La tragedia que vivió en Haina lo sacó del estadio y lo obligó a enfrentarse a un nuevo destino.
Pasó casi un año ingresado en un hospital, tiempo durante el cual encontró un nuevo propósito: una guitarra que alguien colocó en sus manos se convirtió en su “nuevo bate”. Con ella comenzó a alegrar a otros pacientes, cantando y acompañando sus días con melodías, sin saber que en esos acordes nacía una nueva pasión.
Su voz, primero en los coros de una iglesia, fue el instrumento que pronto lo llevaría a ocupar los más altos escenarios del país y el extranjero.
Te recoemdamos leer
El intérprete de “Perro ajeno”, luego de recuperarse del accidente, decidió estudiar música en el Conservatorio Nacional de Música de Santo Domingo, donde inició su carrera artística en grupos como Los Pitágoras del Ritmo y el Coro de la Sociedad de Orientación Juvenil.
Su carrera musical dio sus primeros pasos en agrupaciones juveniles como el Coro de la Sociedad de Orientación Juvenil y Los Hijos del Rey, pero su gran salto a la fama ocurrió en los años 80, al integrarse a la orquesta de Wilfrido Vargas. Con su potente voz, Pérez inmortalizó temas como «El Africano», «Buscando Tus Besos» y «Hazme Olvidarla», ganándose el cariño del público y el respeto de la industria.
En 1987 inició su carrera como solista y no tardó en cosechar éxitos como «Dame veneno» y «Enamorado de ella». Su talento fue reconocido en las listas de Billboard, donde su álbum “Rubby Pérez” alcanzó el puesto #15 en la lista Tropical, y su sencillo «Enamorado de ella» llegó al #29 en los Latin Charts.
Además de su popularidad internacional, Rubby Pérez recibió numerosos reconocimientos. En República Dominicana fue galardonado con varios Premios Casandra, incluyendo “Orquesta del Año” y “Merengue del Año”. En Venezuela, su primer álbum como solista obtuvo discos de oro y platino, además de dos Premios Globo.
Rubby Pérez un artista completo
Más allá de sus logros discográficos, Rubby fue un artista completo: carismático en el escenario, cercano a su público y comprometido con causas sociales. Participó en programas de televisión y actividades benéficas, manteniendo siempre una fuerte conexión con su comunidad.
Su legado trasciende generaciones. Inspiró a decenas de jóvenes artistas con su estilo único y su capacidad para innovar dentro del género, siempre fiel a las raíces del merengue.
Hoy, la voz más alta del merengue se silencia, pero su música seguirá sonando con fuerza en cada rincón donde se celebre la identidad dominicana. Rubby Pérez no solo fue un artista; fue un símbolo de resiliencia, talento y orgullo nacional.