La catastrófica explosión que provocó una devastación el pasado lunes 14 de agosto de 2023 en San Cristóbal, misma que cobró la vida de 37 personas, continúa siendo motivo de gran dolor y conmoción en esta comunidad. A un año del siniestro, 22 familias lloran sus muertos sin un cadáver. La ausencia de sus seres queridos es una herida abierta que sangra.
En el programa Desclasificado, la periodista Addis Burgos, junto a su equipo de investigación, se trasladaron al lugar de los hechos, para encontrarse con familias que viven este dramático limbo y que aguardan a espera de identificar restos.
San Cristóbal salió a las calles a expresar su luto de forma masiva. Las investigaciones no explican un año después, ¿qué ocurrió claramente?, dejando el mal sabor de que los responsables han sido protegidos.
Fiordaliza Rivera, quien perdió a su sobrino José Vicente Dicent Rivera, de 58 años, el día de aquella trágica explosión, de donde nunca más regresó. Es una de las víctimas que todavía no han podido identificar entre los restos.
Rivera recuerda al conversar algunos momentos juntos, que le colaba un café tempranito antes de ir al trabajo. Lo describió como un hombre alegre y trabajador.
«Yo no quiero recordar… eso me está matando porque yo no quiero estar en esta galería, porque me lo acuerda cuando él venía a beber café»,
Manifestó Fiordaliza Rivera.
Nos cuenta que los últimos momentos de vida de José, su sobrino, antes de la explosión, iba con un amigo para la playa ese día. Pero, decidió ir a la veterinaria para no dejar una cachorra que tenía de mascota sin comida, con el temor de regresar de la playa y que la veterinaria se encontrara cerrada, decidió ir a comprar el alimento, sin imaginar que le costaría la vida, al dirigirse al lugar alrededor de las tres de la tarde, horario en el que explotó la compañía Vidal Plast.
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Así como José, muchos otros quedaron desaparecidos tras aquella explosión que terminó acabando con sus vidas.
Otro caso de víctimas en explosión de San Cristóbal
Yuleisy Corporán Nivar, hija de Ana Anyelin Nivar Tineo, recuerda cómo se enteró de la explosión en San Cristobal, de inmediato comenzó a llamar a su madre por teléfono, pero nunca le contestó.
Anabel Corporán Nivar, la otra hija de Anyelin, recuerda como cada mañana se levantaba a prepararle el café.
«Ella todos los días siempre me llamaba: ven a colarme café, a esta hora ya el café estaba colado»,
Explicó Anabel Corporán.
Aún quedan restos sin identificar
Es imposible no reaccionar con lágrimas junto a estas familias. La incertidumbre y el desconsuelo de estas familias al no saber dónde quedaron los cadáveres de sus parientes se siente a flor de piel, el sufrimiento es insostenible al saber que no hay rastros y el peso en sus hombros de imaginar que nunca volverán a saber nada de ellos. Muchas de las víctimas se volvieron cenizas que volaron en el aire y que nunca más regresarán.
El Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) tuvo la ardua tarea de proceder con la identificación de todas las víctimas que dejó la devastadora explosión. Al día de hoy aún quedan restos sin identificar.
En su momento, el director del Inacif, el doctor Francisco Gerdo, estableció que el grado de quemaduras en los cuerpos era tan alto que era imposible reconocerlos, al menos que se le realizara una prueba de ADN. Situación que mantuvo a los familiares de las víctimas en una agonía y desesperanza total.
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Las pruebas de ADN son el recurso vital que tiene el Instituto Nacional de Ciencias Forenses. Mediante este se busca dar una oportuna respuesta a aquellas familias devastadas por el dolor de haber perdido un ser querido de esta manera tan trágica. El trauma de vivir con la incertidumbre de donde quedaron los restos de su familiar merece una respuesta para cerrar un capítulo tan doloroso.