El Instituto Superior de Formación Docente rindió homenaje a Salomé Ureña por el 171 aniversario de su natalicio y por el Día Nacional del Poeta.

Que se conmemoró con una caminata por la calle Las Damas de la Ciudad Colonial y una ofrenda floral en el Panteón Nacional.

Durante la actividad estuvieron presentes la rectora de ISFODOSU, Nurys del Carmen Gonzáles, el poeta Mateo Morrison.

Además, el viceministro de Educación, Rafael Alcántaram quien afirmó que la sociedad dominicana carece de valores.

El viceministro también hizo un llamado a los padres a llevar a sus hijos a vacunar para contrarrestar el Covid-19.

Salomé Ureña

Nació en Santo Domingo, el 21 de octubre de 1850. Fue hija del abogado y también escritor Nicolás Ureña de Mendoza y Gregoria Díaz de León quienes, junto a su abuela y tía maternas, dieron a su hija sus primeras lecciones educativas.

A temprana edad, entró en contacto con la literatura. Su padre le enseñó las obras clásicas de autores españoles y franceses que ayudaron a la joven Salomé a desarrollar su propia carrera y el arte de la declamación junto a su hermana Manuela, recitando en español, francés, inglés y latín.

Comenzó a escribir versos a los quince años de edad, publicando posteriormente sus primeras obras a la edad de diecisiete años, con una huella característica de espontaneidad y ternura.

En 1867 publicó sus primeras obras bajo el seudónimo de «Herminia», nombre que usó hasta 1874.

Con el paso del tiempo, su obra se tornó trágica y triste con poemas como En horas de angustia; o patriótica y con energía como se aprecia en sus poemas A La Patria y Ruinas.

En años posteriores, incluyó en sus poesías temas autobiográficos, como se puede ver en Mi Pedro, dedicada a su hijo, tal vez su poema más cariñoso, en La llegada del invierno y un libro que se hizo muy popular llamado Esteban, donde habla de su país, su familia, las plantas y flores.

Fue una de las figuras centrales de la poesía lírica del siglo XIX e innovadora en la educación de las mujeres en su país.

Influenciada por la escuela positivista y la educación normalista de Eugenio María de Hostos, de quién fue alumna aventajada. Sus obras se centraron en el amor a la Patria y en su entorno familiar.

Aunque de obra no muy extensa, logró llamar la atención de gran parte de Latinoamérica por la profundidad de sus obras.

Entre sus trabajos más notables se encuentran: Ofrenda a la PatriaEl Ave y el Nido y Sombras, entre otros.

Ureña murió de tuberculosis a la edad de cuarenta y seis años, siendo enterrada en la iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes y trasladada en 1972 al Panteón de la Patria.