Vivir con hemofilia, una batalla constante por la sobrevivencia

“Desde el domingo pasado he estado padeciendo de una hemorragia en la cadera y muslo izquierdo. Pasé la madrugada del lunes y martes sin dormir por el enorme dolor, incluso llorando, cosa que los hemofílicos hacemos poco, pues estamos acostumbrados al dolor”, así describe el galeno de La Vega, Ricardo Coste, su más reciente crisis.

Lo que indica Ricardo es bien conocido para los que como él tienen que vivir con esta condición de salud, caracterizada por la dificultad que tiene la sangre para coagularse.

Según indica la Organización Mundial de la Salud, una de cada 10.000 personas es hemofílica. La incidencia de esta enfermedad, en la mayoría de los casos, tiene como antecedentes padecimientos de familiares en línea genealógica directa

La OMS establece la existencia de dos tipos de hemofilia, la A, trastorno más frecuente de la coagulación, deficiencia recesiva ligada al sexo de factor VIII y según cifras de la OMS, representa el 85 por ciento de los casos reportados a nivel mundial. Mientras que la B,  se debe a deficiencia del factor IX.

El sangrado es el principal síntoma de esta enfermedad. Es preciso destacar que casos leves pueden pasar inadvertidos y ponerse de manifiesto durante una cirugía o a un traumatismo.

En los casos más severos, se puede presentar sangrado grave sin una causa. La hemorragia interna puede ocurrir en cualquier parte y es común que se presente sangrado en las articulaciones.

El tratamiento para este padecimiento es un procedimiento eficaz basado en la administración continuada de fármacos que ayudan a la coagulación, con miras a evitar las hemorragias. Sin embargo, su costo, asociado al nivel educativo de la población, hace que una cifra importante de los hemofílicos no reciba ningún tipo de tratamiento, lo que constituye una segura sentencia de muerte antes de la adolescencia.

Cifras de la OMS revelan que el 80 por ciento de la población enferma no recibe tratamiento o el que le llega es inadecuado para resolver el problema.

“Hoy (este viernes) es que me estoy parando de la cama a caminar, el dolor es menor y tengo calambre horrible en la extremidad izquierda... No he trabajado en toda la semana... Esta vida así, sin medicamentos oportunos es muy dura,  cruel y difícil”, así termina su relato el médico vegano Ricardo Coste.

 

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