Así fue la horrible noche de protestas y muerte en Bogotá

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Colombia.-El homicidio de Javier Ordóñez, en la madrugada del 9 de septiembre, fue la chispa que desató una furia contenida que llevó a que la ciudad ardiera por dos noches.

La indignación ciudadana, acumulada durante el confinamiento, y agitada por algunos vándalos, sometieron a la capital en un ambiente de zozobra, en la que incineraron CAI y buses, mientras que algunos policías dispararon contra los manifestantes.

Al final: un trágico saldo de nueve muertos en Bogotá y 521 heridos, de estos 261 policías, reseñó El Espectador de Colombia.

La génesis fue el video que circuló en redes, en el que se ve cómo dos patrulleros le aplican choques eléctricos a Ordóñez con una taser, mientras él, reducido en el piso, repetía: “Ya, ya, ¡por favor!”. Lo que vino después, cuando se conoció la noticia de su muerte bajo custodia policial, fueron los actos de rechazo de sus vecinos, quienes dejaron mensajes de protesta junto al CAI de donde salió a la clínica Partenón, a donde llegó sin signos vitales.

Las críticas crecieron con el paso de las horas. Y así como crecía la indignación, todas las autoridades quedaron en alerta, no solo por la gravedad de los hechos, sino porque se anticipaba un día complejo.

Desde las 10:00 a.m., tanto la Alcaldía como la Policía empezaron a recibir datos sobre las convocatorias a marchas y protestas en Bogotá, algunas impulsadas desde cuentas de redes sociales, que invitaban desde temprano a cometer actos de violencia.

Esto llevó a las autoridades a prepararse para una jornada difícil. Así comienza la descripción que reconstruimos a partir de videos y testimonios de lo que ocurrió en el resto de la ciudad durante esas dos noches.

Policía Nacional - 10:20 a.m.

Sobre el mediodía, el general Jorge Luis Vargas, director de Seguridad Ciudadana de la Policía, impartió las primeras órdenes a nivel nacional para alistar todos los servicios de la institución.

Se le notificó por escrito al comandante del Esmad que dispusiera de su capacidad en el país, para focalizar el servicio en la medida que se fuera requiriendo. Del dispositivo en la capital encargaron al general Carlos Rodríguez, por su experiencia en seguridad ciudadana.

“Verificamos qué personal teníamos para atender las protestas, encontrando que, entre Esmad de Bogotá y la Fuerza Disponible, sumaban 809 efectivos, que no portan armas de fuego, solo de gases”, explicó el general. En Bogotá quedaron 11 escuadrones en alistamiento.

Villa Luz - 3:00 p.m.

La tensión fue creciendo y de paso el nivel de alerta. Pasadas las 3:00 p.m. llegó al CAI de Villa Luz (Engativá) un carro del CTI de la Fiscalía para recaudar evidencias por la muerte de Ordóñez. A las 4:30 p.m. empezaron las concentraciones, que luego se tornaron violentas, acompañadas por actos de vandalismo.

Villa Luz - 6:00 p.m.

En medio de arengas contra los policías, encapuchados comenzaron a pintar y a atacar el sitio. Pese a que no lograron romper el vidrio, sí incineraron una de las motocicletas de los uniformados. “Cuando empezaron los disturbios, se notó que más que una protesta, se estaba desarrollando un ataque dirigido contra los CAI”, indicó el general Rodríguez.

De inmediato se le informó a la alcaldesa la gravedad de los hechos. “Se dieron 68 instrucciones, que están registradas para explicar la actuación policial. No se rompió la cadena de mando. Incluso, se ordenó por escrito que las evidencias del caso de Ordóñez se preservaran de manera transparente”, agregó el general Vargas.

Así se iniciaron los primeros disturbios. El Esmad se acercó al lugar y dispersó a los manifestantes, que se agolparon en calles aledañas y frente al sitio en que Ordóñez fue reducido y donde su familia realizó la velatón.

En esa hora, entre las 6:00 y 7:00 de la noche, manifestantes regaron la basura de los contenedores en las vías y les prendieron fuego, mientras otros enfrentaban a la policía con piedras y artefactos incendiarios.

Uno de los manifestantes señaló a El Espectador que recibió el impacto de al parecer balines en sus piernas, así como un bolillazo de un policía.

Alcaldía – 6:30 p.m.

La alcadesa Claudia López convocó a una mesa de derechos humanos para tratar los temas de abuso policial y en especial el de Javier Ordóñez.

En esta reunión se aclara que la policía solo da razón de 38 de las 138 denuncias identificadas por el Distrito, por lo que la alcaldesa les presenta los cuatro puntos de su plan de reforma y pidió a la Procuraduría investigar el caso del abogado por poder preferente.

La Gaitana - 6:49 p.m.

Al caer la tarde, el CAI de este barrio, en Suba, estaba solo. Habitantes de la zona realizaron una velatón en rechazo por el abuso policial, pues, según los vecinos, allí también habían tenido que soportar malos comportamientos de los uniformados, algunos de los cuales infringen el Código Penal.

Llegaron las manifestaciones y los policías hicieron algunas capturas. En medio de la creciente indignación se escucharon los primeros tiros.

Ese fue el primer CAI que incineraron en la ciudad. Los manifestantes lo rodearon y en medio de las arengas un grupo entró y prendió la primera llamarada, mientras que los que estaban afuera terminaron de romper los vidrios.

No había muchos policías ni Esmad, y como señaló uno de los uniformados, en un video, estaban rodeados de personas que les lanzaban piedras y objetos contundentes, mientras se incendiaba el lugar.

En Fontanar la situación fue similar. La gente empezó a gritarles a los uniformados, por lo que tuvo que intervenir el Esmad, lanzando granadas aturdidoras, para evitar que avanzaran los manifestantes.

En esas, una mujer que gritaba cayó al suelo. Los policías la levantaron y la arrastraron al CAI.

Un fotógrafo de El Espectador intentó registrar el hecho, pero uno de los uniformados puso su escudo sobre la cámara. Cuando el reportero se intentó mover, otro uniformado lo mandó al piso de un empujón, rompiendo parte de su equipo.

Policía Metropolitana - 8:30 p.m.

Con más de una veintena de manifestaciones y al menos nueve CAI vandalizados, el secretario de Seguridad, Hugo Acero, pasó a coordinar el C4; el secretario de Gobierno, Luis Ernesto Gómez, representó a la ciudad en el Puerto de Mando Unificado (PMU) nacional, y la alcaldesa se fue para la sede de la Policía de Bogotá.

“Lo que estaba ocurriendo era muy grave, que se estaba multiplicando cada media hora. Requería a que todos estuviéramos concentrados y coordinados”, dijo López.

Esa noche solo había 300 unidades del Esmad disponible, mientras que al turno de vigilancia de las 10:00 p.m. llegaban 750 uniformados.

Tuvieron que pedir refuerzos y se dio la instrucción de que los que venían trabajado desde la tarde siguieran en servicio.

En este punto se priorizó la protección de las estaciones de Policía, por el armamento y los detenidos; los portales, flota y patios de Transmilenio, y se pidió a los policías priorizar su vida y retirarse si era necesario.

Mientras la furia de la protesta crecía y la ciudad estaba encendida, aumentó la actividad en los puestos de mando unificado, tanto el Nacional como el Distrital.

Por orden del presidente, a las 8:30 de la noche llegó al PMU Nacional el viceministro del Interior, Daniel Palacios, y el secretario de Gobierno, donde discutieron decisiones para restablecer el orden público.

“Se procuró al máximo de cumplir los protocolos, pero no teníamos suficiente personal para cubrir todos los lugares y tocó priorizar algunos puntos”, indicó el comandante (e) de la Policía Bogotá.

Al final de la primera noche se pudieron georreferenciar los lugares donde estuvieron los heridos y los fallecidos por arma de fuego. Además, sometieron a custodia 92 pistolas, que usaron los uniformados.

Estas quedaron en los armerillos de la Policía, para no afectar las pruebas. “Ya 37 fueron requeridas por la Fiscalía para estudios balísticos”, explicó el general Vargas, director de Seguridad Ciudadana.

En la mañana, cuando se comenzaron a conocer las imágenes de los CAI vandalizados, los transmilenios incinerados y los rostros de las víctimas que dejó la primera noche, se determinó que en la ciudad se desplegaría toda la fuerza disponible para atender las nuevas manifestaciones.

Para ese momento ya se tenían 1.100 uniformados del Esmad, así como se envió a coroneles, en curso de generales, a apoyar las estaciones de la ciudad.

Jueves 10 de septiembre

El segundo día no fue tan violento como el primero, pero se siguió presentando el vandalismo y abuso policial, pues en lugares como Yomasa, en Usme, o Galán y Puente Aranda incineraron los CAI, mientras que en Arborizadora Alta se presentaron casos como el denunciado por el profesor Andrey Téllez, quien aseguró que en el centro de atención lo golpearon, a tal punto que le rompieron algunos de sus dientes, le echaron agua y gas pimienta, junto a otras 13 personas, entre ellas menores de edad.

El balance que hace la Policía (que difiere de las cifras del Distrito) habla de 161 personas y 261 uniformados lesionados, 75 CAI vandalizados (el 47 % de los que hay en Bogotá), 38 de ellos incinerados, junto a 37 buses articulados.

Además, 141 capturados por actos de vandalismo. Según la Policía y el Gobierno Nacional, la tarea siempre se concentró en proteger la vida, aunque es claro que hubo policías que no atendieron órdenes.

“Hasta el momento hay 56 videos que muestran a 68 uniformados (y pueden ser más) en conductas irregulares. Ya se abrieron 50 investigaciones, algunas con hechos concretos. Buscamos identificar quiénes violaron los reglamentos y la ley”, dijo el general Vargas, quien agregó que la Policía de Bogotá adelanta 361 investigaciones contra 283 funcionarios por abuso policial.

Recalcó que de igual forma se reportaron 415 denuncias por lesiones a los uniformados, a la infraestructura y a los vehículos institucionales.

“Tenemos siete procesos judiciales serios que involucran grupos armados organizados y residuales, que dieron instrucciones a sus cabecillas de entrar a las ciudades”, agregó el alto oficial.

El viceministro del Interior, por su parte, indicó que hubo un trabajo armónico entre los PMU Distrital y Nacional, y se ha mantenido un diálogo, aunque cuestionó: “Algunos salieron a marchar legítimamente, pero detrás de los actos vandálicos hay acciones premeditadas, organizadas por colectivos urbanos. ¿Quién sale de su casa con gasolina a una protesta? Acá incluso intentaron quemar CAI con los policías adentro”, concluyó.

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