Un robot emocional ayuda en las tareas escolares, mejora el aprendizaje en niños autistas y enseña programación a los más chiquitos

El país europeo mantiene el cuarto puesto en el mercado de ese continente de la robótica industrial.

ESPAÑA.- El futuro llegó hace rato, por lo menos al cine, las series de tv y los dibujitos animados. Aunque la vida diaria esté lejos de lo que soñaban quienes disfrutaron de la infancia en la década del ´60 viendo a Los Supersónicos en la pantalla chica, el siglo XXI trajo sus avances. Hay algo que no varía, el ser humano siempre está buscando soluciones y desde España, la compañía Aisoy aporta su granito de arena a las necesidades de una población que crece con progreso y lo asimila mejor que nadie: los niños.

Según un informe publicado este año por la Asociación Española de Robótica y Automatización (AER), el país europeo mantiene el cuarto puesto en el mercado de ese continente de la robótica industrial. Por detrás de Alemania, Italia y Francia, los datos se obtuvieron a través de los fabricantes y distribuidores con actividad en España y poniendo el foco en la industria automotriz. Pero hay otros actores importantes en este rubro y allí es donde aparece un personaje que va por delante en desarrollo a nivel mundial, el robot emocional.

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¿Puede un robot tener sentimientos? Está claro que no, pero sí puede entender los de aquellos con los que interactúa.“Nuestras criaturas no son copias de seres vivos ni sustituyen a los seres humanos, sino que conviven contigo para mejorar tu vida diaria y promover tu relación con el resto de las personas”, dicen los responsables de dar vida a estas criaturas desde su página web. Según ellos, “revolucionario, emocional y democrático” son los tres calificativos que mejor definen a su robot que puede hacer las veces de tutor, amigo y ayudante del maestro dentro y fuera del aula.

José Manuel del Río tenía 9 años cuando sus padres le regalaron la primera computadora que tuvo en sus manos y que, sin imaginarlo en ese momento, le cambiaría la vida. “En aquella época no era una herramienta educativa desde el punto de vista del colegio, no estaba para hacer cosas puntuales como hoy en día. A mí me abrió un mundo de oportunidades a nivel personal para descubrir cosas concretamente relacionadas con el tema de la computación y me divertía no necesariamente jugando, sino programando el artefacto para hacer cosas que me parecían chulas y me divertía hacerlas. Imagina que quizá eso era dibujar una línea verde de un sitio a otro, y eso ya me parecía mágico”, explica Del Río con entusiasmo.

José es el CEO de Aisoy, que junto David Ríos, director científico de la compañía, creó este producto que intenta llegar a más y más hogares en España y el mundo. Aunque lo suyo es la robótica y la tecnología, José y David se involucran de lleno en el contenido inteligente de este robotito de casi 22 centímetros de altura y 1 kilo de peso que tiene tantas funcionalidades como necesidades tenga el niño al que le toque.
Aunque las herramientas mejoran, el sistema escolar, tanto en Europa como en Latinoamérica, sigue manteniendo las mismas estructuras y Del Río intenta con este invento darle alas no solo al alumno sino también al profesor: “Yo creo que la escuela no ha evolucionado.Es decir, se han introducido herramientas, pero el sistema base sigue siendo el mismo. Yo la veo a mi hija de 9 años y actúa igual que cuando yo tenía su edad. Sigo viendo que utilizan mucho la memorización, los libros, el sistema sigue siendo el mismo a pesar de que la tecnología permite otras formas. Se sigue manteniendo un modo tradicional, hay cosas que pueden haberse visto modificadas por la tecnología, pero el paradigma básicamente no ha cambiado”.

 

–¿Qué crees que puedes aportar desde tu trabajo con robótica e inteligencia artificial a la educación actual?

–Yo creo que en sí mismo se va a producir la transformación de todo porque la tecnología permite que haya un cambio de roles. Por ejemplo, el profesor no será ya el que te da la lección y te manda los deberes, sino que va a evolucionar a otra cosa donde el profesor sea el que te va a guiar. De todos modos, el aprendizaje no se va a producir solo dentro del aula porque ya hoy pasa que muchas de las cosas las aprenden fuera de allí y eso es parte de perder el control, en el caso del profesor. Para esto debería haber una sincronización entre lo que pasa dentro y lo que pasa afuera. Hay una capacidad que es digital y eso lo aprenden más fuera que dentro, entre otras cosas porque el docente no tiene la dotación para desarrollarla. Los niños tienen ordenadores en la escuela, pero en su casa tienen o bien ordenadores más potentes o internet, que en muchos colegios dicen que tienen y no tienen, o no tienen suficiente ancho de banda o suficiente cobertura, hay cosas que en el cole son más antiguas, entonces la motivación para los alumnos y el desarrollo de esa capacidad se produce principalmente fuera de la escuela. Esa energía termina fuera del ámbito formal de la educación, ¿por qué no integrarlo? La tecnología lo permite.

–¿Cómo definirías el trabajo que hacen con Aisoy?

–Lo que tratamos de hacer en Aisoy son mentores personales para ayudar a desarrollar capacidades y mejorar la calidad de vida de las personas. Desde el punto de vista educativo no es que hagamos robótica para enseñar tecnología o para enseñar programación, sino que es más un mentor que permite ayudar a cada niño a desarrollar su potencial de una forma personalizada en el sentido de que el método tradicional lo que busca es la normalización del desarrollo de los niños, es decir, a todos les doy lo mismo, a todos les pido lo mismo, algunos responden mejor y otros peor, pero básicamente los trato como un todo. Y siempre hay excepciones que se salen de la norma, pero siempre está eso de buscar la normalidad.

Todo eso sucede a pesar de que cada niño es diferente, cada niño tiene un proceso de aprendizaje diferente, cada niño tiene una motivación y se aproxima a los problemas de una forma diferente, todo eso no forma parte del proceso realmente un poco por el propio método y otro poco porque no hay recursos para hacerlo. De alguna forma, como nosotros sabemos que eso es así, pues demos herramientas que permitan ayudar al niño a desarrollar esas capacidades esté donde esté. Si está en el aula, no necesariamente tiene que ser el profesor el que esté al lado, sino que puede estar tu robot para ayudarte a hacer esas cosas y el profesor supervisando y facilitando ese desarrollo. Por ejemplo, si divides a los alumnos en grupos de trabajo en uno de esos grupos puede haber un robot para ayudar a desarrollar la actividad.

Fuente: Infobae

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