Tener un sueldo de entre 5.000 y 15.000 pesos (entre USD 263 y 789) por trabajar sólo los fines de semana pudiera ser el empleo soñado para muchos mexicanos. El problema es que un empleo con esta paga requiere algo que no muchos estarían dispuestos a hacer: vender su cuerpo.

La prostitución masculina en México va en aumento gracias a que se ha vuelto un negocio lucrativo para quien vende y un escape para quien compra. Pero también una preocupación por el riesgo que existe de que a la larga pueda convertirse en una nueva clase de trata de personas.

A diferencia de la prostitución femenina, en el caso de los hombres, no existen a nivel nacional cifras aproximadas sobre el tamaño del fenómeno, pero algunos estudios deducen que va en aumento por distintos factores como el desempleo, los bajos salarios, la migración a las grandes ciudades, una mayor apertura sexual y una elección personal.

Los centros turísticos de Acapulco, Puerto Vallarta, Cancún así como las ciudades de Veracruz, Tijuana, Guadalajara y la Ciudad de México están identificados como los lugares en dónde la prostitución masculina es más evidente. Uno de cada cinco sexoservidores es hombre.

En la Ciudad de México el fenómeno se ha consolidado por ser una de las capitales con mayores garantías para ejercer la libertad sexual y, en específico, se ubica a la Delegación Cuauhtémoc –una especie de alcaldía- como la que más registra este fenómeno.

Aquí existe todo un circuito de trabajo sexual masculino que comprende la Zona Rosa, la Alameda Central, bares del Centro Histórico, el barrio de la Merced y la zona de La Ciudadela, donde asesinaron al ex presidente Fracisco I. Madero, en 1913.

“No todos entran, porque hay ciertas características que deben reunir como atractivo físico, atributos del cuerpo y sex appeal. Cuando son autoconscientes de esos atributos, hay demanda por el consumo”, explicó a Infobae Álvaro López López , quien junto con Anne Marie Van Broeck coordinó la investigación Turismo y sexo en México. Cuerpos masculinos en venta y experiencias homoeróticas.

La investigación, que se realizó en distintos puntos del país, determinó que es “muy claro” el consumo de servicios sexuales de varones en la calle por parte de otros hombres y, ocasionalmente, también lo hacen las mujeres.

Estás últimas prefieren contratar los servicios a través de páginas de internet o en locales cerrados.

De acuerdo con la investigación, un 50% de los hombres que se dedican a la prostitución se consideran heterosexuales, y el otro 50%, homosexuales o bisexuales. El 80% son varones que emigraron de sus ciudades natales.

Las diferencias entre hombres y mujeres

Alex -así se presenta- es un joven de 21 años que ofrece sus servicios en la Zona Rosa, una de las áreas turísticas de la capital del país. Busca clientes en la calle Hamburgo, pero pidió dialogar con Infobae unas calles más adelante, sobre la avenida Reforma, para que sus clientes no sintieron que estaba en riesgo la confidencialidad.

El entrevistado afirmó que se dedica a la prostitución desde hace dos años; terminó la preparatoria, hizo trámites para ingresar a la universidad, pero al ser rechazado en la carrera de Arquitectura, no sentía ganas de integrarse a una vida laboral que lo esclavizara por una paga mínima. Se autodefine como “guapo” (bien parecido), lo cual le dio la seguridad para experimentar este oficio.

“Yo siempre tenía pegue (éxito) con las chavas en la escuela y ya más grande también me di cuenta que pues las señoras más grandes también como que se me lanzaban (coqueteaban) y pues yo también me aventé a esto… Yo no lo veo mal porque es algo que pasa entre adultos, los dos sabemos a lo que vamos, nadie está engañando a nadie ni nadie está abusando de nadie”, dijo a Infobae.

Alex trabaja los miércoles, viernes y sábados, sus ingresos varían de acuerdo al número de clientes, el tiempo que lo contraten y lo que le pidan hacer (penetración, sexo oral, sólo tocamientos o si se trata de hacer un trío).

Hay quien le paga en dólares y también quien lo contrata por varios días.

A Javier, otro sexoservidor que atienda en la calle Varsovia de la colonia Juárez, a unas calles de la Zona Rosa, tampoco le causa conflicto dedicarse a la prostitución, por su aspecto bien podría ser un estudiante de alguna de las universidades privadas más caras del país, pero los pantalones apretadas y la playera sin mangas lo delatan.

Fuente: Infobae

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