Pasada una semana del segundo debate de la campaña electoral presidencial de este año en Estados Unidos y a las puertas del tercer y último encuentro cara a cara de los candidatos, la campaña se ha tornado una guerra prácticamente íntima entre ambos contrincantes.

Una lluvia de denuncias de ataque sexual, ya suman 8, ha caído sobre el candidato republicano, se ha destapado una caja de pandora que dificilmente puede ser cerrada antes del 8 de noviembre. Por si fuera poco, un gran número de políticos y dirigentes tradicionales de su partido, comenzado por el de más alto rango dentro de los republicanos, le ha dado públicamente la espalda, sacando a luz la fuerte división que desde que Donald Trump se postuló han venido señalando todos los medios.

No recuerdo haber visto tamaño escándalo dentro de elecciones en Estados Unidos, nunca imaginé ver a toda la familia Bush decir su votación por un candidato demócrata.

Solo quedan 25 días para saber finalmente quién ocupará la Casa Blanca. Hay que esperar a este último debate y ver si Trump logra salir airoso, pues las acusaciones que pesan sobre él serán una carga muy pesada a enfrentar con una contrincante muy pragmática y como él mismo dijo, que nunca se da por vencida y lucha hasta alcanzar su objetivo.

A Hillary Clinton, aunque el propio Trump ha querido sacarle provecho a las acusaciones sexuales que también pesan sobre su esposo, el ex presidente Bill Clinton, no han logrado sacarla de su centro.

Todos los debates de esta campaña electoral han sido verdaderos reality shows, en ninguno hemos conocido las propuestas reales de los candidatos, tal vez un poco de la ex secretaria de Estado, pero el magnate siempre ha utilizado el ataque personal como respuesta y hasta propuesta.

En la viña del Señor todo es posible, y una victoria de Donald Trump no es algo tan remoto, aunque las encuestas digan otra cosa.

Algo sí esta muy claro, según analistas, una administración de Trump sería sumamente perjudicial para Estados Unidos y para el mundo.

Autor: Lety Bonnin