El saltador con pértiga Renaud Lavillenie vivió un momento amargo en la entrega de medallas de su categoría en los Juegos de Río de Janeiro. No solo el brasileño Thiago Braz da Silva le arrebató el oro a este atleta con récord mundial en su categoría. El francés soportó por segundo día consecutivo los abucheos del estadio olímpico y al final rompió a llorar sobre el podio en el que recibió la medalla de plata.

Los cronistas deportivos describen el ambiente del estadio durante la competición del día anterior como “futbolero”, con una afición entregada que abucheó al rival en la misma medida en que apoyaban a su ídolo. El propio Braz afirmó: “El público tan fervoroso me perjudicaba. Me obligué a concentrarme en mi técnica, a olvidarme del público”.

El francés también opinó sobre la grada después de la competición del lunes, comparando los abucheos de los brasileños con los de la alemania nazi: “En 1936, la multitud de Berlín estaba contra Jesse Owens. No habíamos visto algo parecido desde entonces. Es algo con lo que tenemos que lidiar, pero no es una buena imagen la del público. Yo no le he hecho nada a los brasileños”.

Al día siguiente, este martes, el público volvió a abuchear intensamente al francés durante la ceremonia de entrega de medallas. El propio Braz pidió calma a sus compatriotas desde el podio. Tras la ceremonia, consoló a Lavillenie, junto al histórico saltador en pértiga Sergei Bubka.