MADRID — La fiesta en Madrid se alargó hasta el alba. La Plaza de la Cibeles tenía que ser desalojada antes de las 4:00 AM, según había dispuesto la Junta Electoral, pues este domingo se llevan a cabo las elecciones al Parlamento Europeo. Pero Madrid nunca duerme, menos al saber a los merengues Campeones de Europa.

Miles de aficionados esperaron en torno a la mítica fuente y sus aledaños para ver a sus jugadores que tras aterrizar en Barajas se dirigieron al centro de la ciudad para continuar la celebración. El club blanco, que había anticipado el pago del montaje y la seguridad de la fiesta a la Comunidad de Madrid, anulando así las disposiciones de la Junta electoral, tenía listo, desde temprano, el escenario en que el equipo rendiría culto a la Madre Tierra. Y aunque el Campeón Europeo llegó a la capital española pasadas las 3:30 de la mañana, no temió al desvelo y se enfiló, en un descapotable, a la obligada visita a la diosa frigia donde la masa permanecía en espera de sus héroes.

Con el sol despuntando, casi a las 7:00 AM, los aficionados merengues se retiraron a sus casas tras varias horas de una fiesta amenizada por un DJ para hacer más llevadera la espera. Después, el tradicional ofrecimiento del título y la colocación de la bufanda blanca en el cuello de la diosa, aunque no fue Iker, sino Sergio Ramos, a quien el capitán cedió el honor en esta ocasión.

También a esa hora se retiraron los 260 agentes policiales que permanecían custodiando la Plaza de Cibeles, que apenas podrá descansar unas horas, ya que el máximo ganador europeo continuará su fiesta con la celebración oficial apenas cierren las mesas electorales, a las 8:30 de la noche. El autobús que transportará al equipo saldrá de Valdebebas y pasará a las sedes del Ayuntamiento y la Comunidad antes de llegar a la Plaza de la Cibeles de nuevo.

FIESTA DE 12 HORAS
En el Santiago Bernabéu, como en el Vicente Calderón, no cabía un alfiler. En ambos escenarios, casa de cada uno de los finalistas de la Champions League, los clubes instalaron pantallas gigantes para que los aficionados que no pudieron conseguir una de las 17 mil entradas asignadas a cada equipo para el encuentro disputado en el Estadio Da Luz pudieran gozar la transmisión en ‘casa’.

Las entradas gratuitas que el Bernabéu puso a disposición para sus aficionados se acabaron en tan sólo un día. El Calderón, casa del Atlético, quería llegar al noveno lleno de la campaña, por lo que puso un precio de cinco euros por entrada y permitió el acceso libre de costo a los socios que no asistieron a Lisboa.

Ambos escenarios se prepararon para una pequeña fiesta de la victoria, pero fue en el norte de la ciudad donde pudo celebrarse el título. Y no cualquiera. Doce años después, el Real Madrid por fin consiguió su ansiada ‘Décima’.

El Ayuntamiento de la Ciudad de Madrid se había contagiado del furor por tener, por primera vez en la historia, a los dos equipos de la capital española disputándose entre ellos el título en la máxima competición europea y llegó incluso a proponer la instalación de pantallas gigantes en el corazón de Madrid, la Plaza del Sol, para retransmitir el partido, idea que fue desechada poco tiempo después ante el temor de enfrentamientos entre ambas aficiones pues ejercemos todos de madrileños, pero no somos amigos y había que evitar desperfectos, sobre todo, en plena ‘jornada de reflexión’ previo a las elecciones al Parlamento Europeo.

Por cierto, que los compromisos laborales no fueron admitidos como justificante para escapar de la obligación ciudadana de quien fuera designado como jurado de votación; en cambio, un boleto para la Final de Lisboa sí, por tratarse de un “acontecimiento especial”, y según reportó ‘El Mundo’ en días pasados, un aficionado del Atlético de Madrid logró librarse así de la mesa electoral. No lo logró, en cambio, Alex Pérez, jugador del Anguiano de la Tercera División que este domingo se juega el ascenso a Segunda B.

Eso sí, las camisetas gigantes de ambos clubes que cuelgan de las ventanas del edificio del Ayuntamiento de Madrid, permanecen en su lugar. También el perímetro vallado en torno a las fuentes de la Cibeles y Neptuno, donde aficiones blanca y rojiblanca, respectivamente, se reúnen a celebrar.

Esta vez, las autoridades desplegaron un dispositivo de seguridad especial que tuvo que repartirse entre los alrededores de los dos estadios y las fuentes de Cibeles y Neptuno, lugar de festejo de una y otra afición, de casi 600 efectivos policiales, según reportó el Ayuntamiento de Madrid. 360 agentes de la Policía Municipal, 115 efectivos de Protección Civil y 120 agentes de movilidad fueron los encargados de velar por la seguridad de la capital española, que en plena ‘jornada de reflexión’ previa a las elecciones europeas vivió el momento futbolístico más esperado del año.

Tres horas antes del partido, las Plazas de la Cibeles y Cánovas del Castillo, donde se encuentra Neptuno, así como los 800 metros que las separan, estaban ya preparadas para recibir a las masas.

Apenas terminó el encuentro en que Real Madrid se coronó campeón, la afición merengue se acercó a la fuente de Cibeles. La semana pasada, la fotogénica diosa había visto con amargura a un Neptuno que se vestía de gloria tras el título de Liga rojiblanco, pero esta vez fue la Madre Tierra la que brilló mientras el vecino quedaba abandonado y en el papel de mero testigo de la historia.

Las fuentes hermanas fueron diseñadas por Ventura Rodríguez por órdenes de Carlos III en el Siglo XVIII, en pleno renacer del gusto por el arte grecorromano y cuando el entonces monarca decidió que era tiempo para que la capital española hiciera la competencia a Roma, hogar de los monumentos y fuentes más bellos de Europa. Junto con ellas, ordenó la construcción de la Puerta de Alcalá y la fuente de Apolo. Las tres fuentes estaban destinadas a embellecer el entonces llamado Salón del Prado.

La Puerta de Alcalá se volvió con los años uno de los símbolos de la capital. Apolo, como el Ángel Caído del Retiro, pequeños rincones de sosiego para los madrileños. Cibeles y Neptuno, que alguna vez se vieron emplazadas frente a frente, sirven de escenario de uno y otro equipo desde hace más de 20 años.

Cibeles, que antes de 1991 era el punto de reunión de ambas aficiones, se declaró ‘blanca’ cuando la afición del Atlético decidió abandonarla en busca de un lugar propio. A menos de un kilómetro de distancia, Neptuno y su tridente, que en la historia de la ciudad de pocas alegrías propias había gozado, recibió con gusto a la afición rojiblanca, que se acercó a celebrar un trofeo de Copa del Rey. La mudanza, que había sucedido de manera espontánea, se volvió definitiva al año siguiente, cuando el Dios del Mar celebró con los suyos otra Copa, esta vez, ganada al vecino Real Madrid.

La diosa frigia borró por completo su mitad roja en ese momento y aunque ha tenido que ser testigo de varios logros rojiblancos en los últimos 22 años, no lo lamenta. Desde que viste solo de blanco ha celebrado ya tres campeonatos europeos con sus chicos. Y esta vez, la ‘Décima’, la más especial, hizo que valiera la pena el esfuerzo y quedarse despierta, como buena madrileña, hasta esas horas ambigüas de las que habla Joaquín Sabina.
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